DIALOGO DE LA VIGILIA EN LA MONTAÑA
<<Como
ya se dijo, la mejor exposición del madhyamaka consistiría en una
representación, una interpretación (escénica) de sus métodos y su retórica: una
ficción teatral más que un ensayo, una puesta en escena de sus "maneras de
hablar". >> Juan Arnau. La palabra frente al vacío.
2005
<<
Aunque todo es puro delirio, no deja de haber cierta ilación>>. Hamlet.
Así he
oído. En una ocasión estaba el vigilante de incendios, Horacio, haciendo su
turno de guardia en la torre del Pico de los Buitres, contemplando el panorama
que le ofrecía el Valle del Solar, con su ladera de Hornaluz, La cordillera de
las Siete Vasijas, la sierra del Tejado, montaña y litoral, con sus humos,
nubes, polvaredas y neblinas, y estando atento a todo lo que ocurría en su
entorno y en su conciencia, entró en profunda meditación.
A sus
pies se había congregado una asamblea de trabajadores forestales contratados
por Nirvanat como refuerzo para la extinción de incendios, acompañados por una
gran asamblea de bodhisattvas. Entre ellos destacaba el venerable mahasattva
Avalokitésvara, quien mirando hacia abajo a la concurrencia que se agolpaba en
la cumbre rocosa percibió su ansiedad e inquietud frente a las posibles
incidencias que pudieran producirse a su
alrededor, y aun comprendiendo que todos los seres son vacíos y carecen de
naturaleza propia, y que aún los componentes que los conforman son vacíos y
carecen de naturaleza propia, y toda la materia que puede nombrarse es vacía y
carece de naturaleza propia, y aún todo lo inmaterial que puede nombrarse es
vacío y carece de naturaleza propia, y aún lo innombrable, que puede designarse
como lo innombrable, es igualmente vacío y carece de naturaleza propia, sintió
gran compasión por toda esa aflicción flotante, vacía y carente de naturaleza
propia, juntó las palmas de sus manos frente a su pecho, y pronunció: “- La
naturaleza es vacío, el vacío es naturaleza”. El vaho de sus palabras cayó como
rocío sobre las frentes de los concurrentes, e impregnó sus corazones, quienes
pudieron sentir cierto aligeramiento de su pesarosa rumiación.
Y en
éstas, el sotcap Tomeu, que por ahí andaba, sintiéndose reconfortado por
estas palabras, y sin duda inspirado por la naturaleza de Buddha, se dirigió
agradecido y esperanzado al venerable Avalokitésvara, inquiriéndole:
“-
¿Cómo debe ejercer el hijo de familia que quiere emprender la senda del
discernimiento perfecto de la sabiduría y la compasión hermanadas?”-.
A lo
que el gran Avalokitésvara respondió solícito: “- El buen hijo de familia que
quiera emprender el camino del discernimiento perfecto de la sabiduría y de la
compasión hermanadas debe conocer la noble verdad del sufrimiento como vacía en
sí misma, la noble verdad de la causa del sufrimiento como vacía en sí misma,
la noble verdad del cese del sufrimiento como vacía en sí misma, la noble
verdad del camino que conduce al cese del sufrimiento como vacía en sí misma, y
aplicarse diligentemente en el cumplimiento del Dharma enseñado por el Buddha,
reconociéndolo como vacío y siendo consciente de que ningún Dharma ha sido
enseñado nunca por ningún Buddha y sabiendo que en esta verdad vacía de toda
vacuidad reside la verdad que trasciende toda comprensión, en beneficio de la
liberación del sufrimiento de todos los seres, sabiendo que no hay seres ni
sufrimiento ni liberación, sino que todo es como un hechizo, una ilusión, un
sueño de nadie, porque no hay nadie que sueñe, ni hechizo ni ilusión, y sin
embargo a mis oídos vacíos llegan los lamentos vacíos de los seres vacíos que
sufren por su ignorancia vacía de la vacuidad que todo lo sostiene y disipa a
la vez en su incesante prestidigitación, y por la sostenida intuición de esta
verdad insostenible, llenos de profunda compasión, nos determinamos a liberar a
todos los seres del sufrimiento de la ignorancia y a no descansar en la propia
liberación hasta que el último de los innumerables seres haya sido liberado.
El sotcap
Tomeu se sintió reconfortado con estas palabras, al igual que toda la
asamblea de trabajadores forestales, bodhisattvas, deidades, demonios y músicos
celestiales allí congregados, pero queriendo indagar más, instigado por la
naturaleza de Buddha para beneficio de todos los seres sintientes, siguió
inquiriendo: “ - ¿Y cómo, venerable Avalokitésvara, debe proceder el hijo o
hija de buena familia que siguiendo el ejemplo de los grandes bodhisattvas
quiera optar al puesto de peón en la plantilla de refuerzo para la extinción de
incendios y acudir prestos a apagar, no solo las grandes devastaciones
producidas por el fuego de la codicia, por el fuego de la aversión y por el
fuego de la ignorancia, sino también todo conato de inquietud, irritación o
incomodidad, refrescando después el terreno para que no se vuelva a producir
resquemor, sino que éste permanezca siempre verde y bien irrigado, sembrado de
lotos y reluciente de perlas, diamantes y joyas de todo tipo?”-.
Avalokitésvara
respondió: “- ¡Mestre Tomeu, capataz de hombres y mujeres bravos, diligentes y
bien dispuestos a acudir al rescate de los menesterosos como ellos mismos,
tanto de los más menesterosos que ellos mismos como de los menos menesterosos
que ellos mismos, te diré cómo ha de proceder el hijo o la hija de buena
familia que quiera seguir la carrera del bodhisattva. Todo ser que emprenda el
camino del bodhisattva debe hacerlo generando en sí el siguiente pensamiento:
‘Cuantos seres vivos haya en el ámbito de los seres vivos, que puedan
reconocerse o no como seres vivos, por innumerables que sean, ya sean nacidos
de huevo, embrión, de humedad, por transformación o por división, ya sean
materiales o inmateriales, con pensamiento o sin pensamiento, con percepción o
sin percepción, con sensibilidad o sin ella (incluso las piedras son presas de
su rigidez, los árboles y plantas por su raigambre sufren de fijación a un
suelo limitado, expuesto a carencias y excesos de nutrientes, así como al
stress climático, los animales sufren de sobreactuación, así como de constantes
cambios de humor, los hombres y mujeres cargan con el peso de su humanidad, los
espíritus padecen su carencia de corporeidad y constante ansia de encarnación,
los genios sufren las consecuencias de su genialidad, los dioses las de su divinidad,
los ángeles las de su presteza, y los santos las de su santidad, los planetas y
cuerpos celestes están atrapados en sus órbitas, y aun así danzan y podría
decirse que vuelan, encadenados a la melodía fugaz de las esferas), no importa
cuantos seres se consideren vivos, a todos ellos les haré apagar su afán en la
extinción final que no conoce comienzo ni duración ni extinción ni final’. Así,
aunque por nuestra dedicación eficiente a esta honrosa tarea se liberen incontables
seres, ningún ser ha sido liberado. ¿Por qué ocurre esto? Porque no hay seres a
los que liberar ni causa de liberación ni objetivo de liberar, porque si un
bodhisattva tuviera concepción de ser vivo, de principio vital, de entidad de
cualquier tipo o de sí mismo, no sería tal bodhisattva.
Además,
Tomeu, un bodhisattva no se ofrenda ni practica la generosidad aferrándose a la
idea de objeto ni a la idea de entrega, ni a la idea de sujeto donante ni de
sujeto recipiente, ni se aferra a la idea de acción en curso, ni de sucesión de
hechos, ni de producción, duración o cese de ninguna acción, sino que actúa de
modo resuelto y espontáneo sin apoyarse en ninguna idea y sin adherirse a
imagen de cualquier tipo, desapegado de la idea de sí mismo y de otros, de la
idea de retribución o maduración de la acción, libre de toda suposición. La
práctica de la perfección de la sabiduría se produce cuando la mente no está
dispersa ni se adhiere a los objetos como entidades reales. Los sabios conocen
la realidad de las cosas sin situarse en ninguna posición ni residiendo en la
forma ni residiendo en la mente. Esta sabiduría es una cognición no dual y sin
esfuerzo, libre de conceptos. Así es como el que asume la vocación de
bodhisattva practica la generosidad, de suerte que no se apoya en ninguna idea
de rasgos o cualidades. De este modo, Tomeu, el mérito de bendiciones acumulado
se hace incalculable, no hay medida para expresarlo, y todo redunda en la
liberación de todos los seres y repercute en el despertar, pero sin
aferramiento a la idea de despertar ni a la idea de todos los seres ni de sí
mismo ni de mérito, virtud o bendición. Esta es la generosidad que está más
allá de lo mundano.
Como
la vista empañada por un torrente cayendo en cascada, como la magia del
ilusionista, como el rocío perlando las briznas de hierba, como niebla
arrastrada por el viento desgarrándose entre las ramas de la encina, como un
sueño, como el relámpago que deslumbra y como las nubes acumulándose en el
horizonte, así se concibe lo compuesto condicionado.
Esto
dijo el Bodhisattva, y el esforzado Tomeu se sintió complacido, y los peones,
hombres y mujeres de pro, y los bodhisattvas, y el mundo entero con sus dioses,
seres humanos, demonios, titanes y músicos celestiales celebraron sus palabras.
En
esto, el vigilante Horacio, apostado en su torre, al salir de su meditación
divisó en el horizonte señales de humo que le advirtieron de la presencia de
fuego alimentado de combustible sustentado por un suelo compuesto de materiales
que, en descomposición, se dividen infinitesimalmente hasta hacerse
imperceptibles, pero que, por su oquedad, se entrelazan e interrelacionan componiendo
el mundo fenoménico que conocemos. Compadecido por su estrecha correlación, y
por un sentido del deber autoimpuesto, el vigilante Horacio transmitió el aviso
a la Central de Incendios, desde donde, de inmediato, se coordinó el envío de
los medios aéreos de extinción, y raudos llegaron hidroaviones cisterna para volcar
su agua bendita sobre el monte en llamas, brigadas helitransportadas, sintiendo
el vacío del mundo, se acercaron a aportar sus cientos de cabezas y miles de
brazos en el trazado de oportunos cortafuegos. Ángeles postrados como flexos
acudieron desde el cielo derramando lágrimas compasivas sobre el fuego. Rebaños
de humildes cúmulos de nube se congestionan sobre el valle oscureciendo el
cenit, provocando enorme precipitación que termina de apagar las llamas. Las
nubes se abren lanceoladas por rayos solares que bañan los montes puenteados
por arco iris con su luz acaramelada. Ángeles desvelados elevan sus trompas
barritando la victoria orquestada por músicos celestiales. En el litoral una
legión de delfines salta la comba de las olas en desfile hacia poniente, la
misma dirección en la que una hilera de ballenas borda el horizonte con sus
chorros de espuma. A pie de torre, sobre la cumbre rocosa, un corro de buitres
se reúne en concilio amistoso. Shanti.
Así
concluye el Sutra de la vigilia en la montaña.
Si
esta visualización tuviera algún mérito, todo él se destina a la liberación de
todos los seres. Que todos los seres sean felices.
COMENTARIO
Este
Sutra apócrifo ha sido compuesto para ilustrar una particular comprensión de la
Prajnaparamita o Perfección de la sabiduría, colección de sutras históricos
tardíos, compuestos aproximadamente entre los siglos -I y VI de la llamada Era
Común. Para ello se ha hecho uso principalmente de la edición a cargo de Juan
Arnau de la versión de Luis O. Gómez del Diálogo del Diamante seguido del
Diálogo del Corazón para Atalanta, recurriendo no poco al plagio y algo a la
parodia, sin pretender en ningún caso ser irrespetuosos, sino tratando de ser
creativos acercando la lámpara de la propia comprensión al texto de forma quizá
poco ortodoxa, pero cuidando de no dañarlo sino de hacerlo fulgurar para su
mejor asimilación, así fuera por breve instante.
Las
palabras designan cosas pero no son las cosas que designan. Las cosas que
designan las palabras son apariciones proyectadas por las palabras que las
designan. Pero hay un substrato inalcanzable que permite que esa magia se
produzca, y el vacío, o el concepto de shunyata manejado por Nagarjuna, es una
herramienta eficaz para producir destellos de comprensión de esa realidad
última elaborando explicaciones convencionales de esa misma realidad. Entre las
palabras y los objetos y fenómenos a los que éstas corresponden hay un abismo
hacia el que estas mismas palabras nos empujan. Nuestro apego es la ingenuidad
que nos permite cruzarlo sin apercibirnos, atándonos a la explicación
convencional y dejando la Otra Orilla siempre del Otro Lado. Solo la Sabiduría
nos ofrece su vislumbre, la honestidad para reconocerlo, el valor, la
determinación y la confianza para traspasarlo, así como la generosidad para
compartirlo. El hecho de que lo consigamos o no depende tanto de nuestro
esfuerzo y de nuestra habilidad como de nuestra fortuna. Sea como fuere nunca
hemos salido de esa Otra Orilla, aunque nuestra atención permanezca
secuestrada
por la deriva de los días y sucesos.
Metta 😉
























