sábado, 7 de marzo de 2026

 

DIALOGO DE LA VIGILIA EN LA MONTAÑA




 

<<Como ya se dijo, la mejor exposición del madhyamaka consistiría en una representación, una interpretación (escénica) de sus métodos y su retórica: una ficción teatral más que un ensayo, una puesta en escena de sus "maneras de hablar". >> Juan Arnau. La palabra frente al vacío. 2005

<< Aunque todo es puro delirio, no deja de haber cierta ilación>>. Hamlet.

 


Así he oído. En una ocasión estaba el vigilante de incendios, Horacio, haciendo su turno de guardia en la torre del Pico de los Buitres, contemplando el panorama que le ofrecía el Valle del Solar, con su ladera de Hornaluz, La cordillera de las Siete Vasijas, la sierra del Tejado, montaña y litoral, con sus humos, nubes, polvaredas y neblinas, y estando atento a todo lo que ocurría en su entorno y en su conciencia, entró en profunda meditación.

A sus pies se había congregado una asamblea de trabajadores forestales contratados por Nirvanat como refuerzo para la extinción de incendios, acompañados por una gran asamblea de bodhisattvas. Entre ellos destacaba el venerable mahasattva Avalokitésvara, quien mirando hacia abajo a la concurrencia que se agolpaba en la cumbre rocosa percibió su ansiedad e inquietud frente a las posibles incidencias  que pudieran producirse a su alrededor, y aun comprendiendo que todos los seres son vacíos y carecen de naturaleza propia, y que aún los componentes que los conforman son vacíos y carecen de naturaleza propia, y toda la materia que puede nombrarse es vacía y carece de naturaleza propia, y aún todo lo inmaterial que puede nombrarse es vacío y carece de naturaleza propia, y aún lo innombrable, que puede designarse como lo innombrable, es igualmente vacío y carece de naturaleza propia, sintió gran compasión por toda esa aflicción flotante, vacía y carente de naturaleza propia, juntó las palmas de sus manos frente a su pecho, y pronunció: “- La naturaleza es vacío, el vacío es naturaleza”. El vaho de sus palabras cayó como rocío sobre las frentes de los concurrentes, e impregnó sus corazones, quienes pudieron sentir cierto aligeramiento de su pesarosa rumiación.

Y en éstas, el sotcap Tomeu, que por ahí andaba, sintiéndose reconfortado por estas palabras, y sin duda inspirado por la naturaleza de Buddha, se dirigió agradecido y esperanzado al venerable Avalokitésvara, inquiriéndole:

“- ¿Cómo debe ejercer el hijo de familia que quiere emprender la senda del discernimiento perfecto de la sabiduría y la compasión hermanadas?”-.

A lo que el gran Avalokitésvara respondió solícito: “- El buen hijo de familia que quiera emprender el camino del discernimiento perfecto de la sabiduría y de la compasión hermanadas debe conocer la noble verdad del sufrimiento como vacía en sí misma, la noble verdad de la causa del sufrimiento como vacía en sí misma, la noble verdad del cese del sufrimiento como vacía en sí misma, la noble verdad del camino que conduce al cese del sufrimiento como vacía en sí misma, y aplicarse diligentemente en el cumplimiento del Dharma enseñado por el Buddha, reconociéndolo como vacío y siendo consciente de que ningún Dharma ha sido enseñado nunca por ningún Buddha y sabiendo que en esta verdad vacía de toda vacuidad reside la verdad que trasciende toda comprensión, en beneficio de la liberación del sufrimiento de todos los seres, sabiendo que no hay seres ni sufrimiento ni liberación, sino que todo es como un hechizo, una ilusión, un sueño de nadie, porque no hay nadie que sueñe, ni hechizo ni ilusión, y sin embargo a mis oídos vacíos llegan los lamentos vacíos de los seres vacíos que sufren por su ignorancia vacía de la vacuidad que todo lo sostiene y disipa a la vez en su incesante prestidigitación, y por la sostenida intuición de esta verdad insostenible, llenos de profunda compasión, nos determinamos a liberar a todos los seres del sufrimiento de la ignorancia y a no descansar en la propia liberación hasta que el último de los innumerables seres haya sido liberado.



El sotcap Tomeu se sintió reconfortado con estas palabras, al igual que toda la asamblea de trabajadores forestales, bodhisattvas, deidades, demonios y músicos celestiales allí congregados, pero queriendo indagar más, instigado por la naturaleza de Buddha para beneficio de todos los seres sintientes, siguió inquiriendo: “ - ¿Y cómo, venerable Avalokitésvara, debe proceder el hijo o hija de buena familia que siguiendo el ejemplo de los grandes bodhisattvas quiera optar al puesto de peón en la plantilla de refuerzo para la extinción de incendios y acudir prestos a apagar, no solo las grandes devastaciones producidas por el fuego de la codicia, por el fuego de la aversión y por el fuego de la ignorancia, sino también todo conato de inquietud, irritación o incomodidad, refrescando después el terreno para que no se vuelva a producir resquemor, sino que éste permanezca siempre verde y bien irrigado, sembrado de lotos y reluciente de perlas, diamantes y joyas de todo tipo?”-.

Avalokitésvara respondió: “- ¡Mestre Tomeu, capataz de hombres y mujeres bravos, diligentes y bien dispuestos a acudir al rescate de los menesterosos como ellos mismos, tanto de los más menesterosos que ellos mismos como de los menos menesterosos que ellos mismos, te diré cómo ha de proceder el hijo o la hija de buena familia que quiera seguir la carrera del bodhisattva. Todo ser que emprenda el camino del bodhisattva debe hacerlo generando en sí el siguiente pensamiento: ‘Cuantos seres vivos haya en el ámbito de los seres vivos, que puedan reconocerse o no como seres vivos, por innumerables que sean, ya sean nacidos de huevo, embrión, de humedad, por transformación o por división, ya sean materiales o inmateriales, con pensamiento o sin pensamiento, con percepción o sin percepción, con sensibilidad o sin ella (incluso las piedras son presas de su rigidez, los árboles y plantas por su raigambre sufren de fijación a un suelo limitado, expuesto a carencias y excesos de nutrientes, así como al stress climático, los animales sufren de sobreactuación, así como de constantes cambios de humor, los hombres y mujeres cargan con el peso de su humanidad, los espíritus padecen su carencia de corporeidad y constante ansia de encarnación, los genios sufren las consecuencias de su genialidad, los dioses las de su divinidad, los ángeles las de su presteza, y los santos las de su santidad, los planetas y cuerpos celestes están atrapados en sus órbitas, y aun así danzan y podría decirse que vuelan, encadenados a la melodía fugaz de las esferas), no importa cuantos seres se consideren vivos, a todos ellos les haré apagar su afán en la extinción final que no conoce comienzo ni duración ni extinción ni final’. Así, aunque por nuestra dedicación eficiente a esta honrosa tarea se liberen incontables seres, ningún ser ha sido liberado. ¿Por qué ocurre esto? Porque no hay seres a los que liberar ni causa de liberación ni objetivo de liberar, porque si un bodhisattva tuviera concepción de ser vivo, de principio vital, de entidad de cualquier tipo o de sí mismo, no sería tal bodhisattva.

Además, Tomeu, un bodhisattva no se ofrenda ni practica la generosidad aferrándose a la idea de objeto ni a la idea de entrega, ni a la idea de sujeto donante ni de sujeto recipiente, ni se aferra a la idea de acción en curso, ni de sucesión de hechos, ni de producción, duración o cese de ninguna acción, sino que actúa de modo resuelto y espontáneo sin apoyarse en ninguna idea y sin adherirse a imagen de cualquier tipo, desapegado de la idea de sí mismo y de otros, de la idea de retribución o maduración de la acción, libre de toda suposición. La práctica de la perfección de la sabiduría se produce cuando la mente no está dispersa ni se adhiere a los objetos como entidades reales. Los sabios conocen la realidad de las cosas sin situarse en ninguna posición ni residiendo en la forma ni residiendo en la mente. Esta sabiduría es una cognición no dual y sin esfuerzo, libre de conceptos. Así es como el que asume la vocación de bodhisattva practica la generosidad, de suerte que no se apoya en ninguna idea de rasgos o cualidades. De este modo, Tomeu, el mérito de bendiciones acumulado se hace incalculable, no hay medida para expresarlo, y todo redunda en la liberación de todos los seres y repercute en el despertar, pero sin aferramiento a la idea de despertar ni a la idea de todos los seres ni de sí mismo ni de mérito, virtud o bendición. Esta es la generosidad que está más allá de lo mundano.

Como la vista empañada por un torrente cayendo en cascada, como la magia del ilusionista, como el rocío perlando las briznas de hierba, como niebla arrastrada por el viento desgarrándose entre las ramas de la encina, como un sueño, como el relámpago que deslumbra y como las nubes acumulándose en el horizonte, así se concibe lo compuesto condicionado.

Esto dijo el Bodhisattva, y el esforzado Tomeu se sintió complacido, y los peones, hombres y mujeres de pro, y los bodhisattvas, y el mundo entero con sus dioses, seres humanos, demonios, titanes y músicos celestiales celebraron sus palabras.



En esto, el vigilante Horacio, apostado en su torre, al salir de su meditación divisó en el horizonte señales de humo que le advirtieron de la presencia de fuego alimentado de combustible sustentado por un suelo compuesto de materiales que, en descomposición, se dividen infinitesimalmente hasta hacerse imperceptibles, pero que, por su oquedad, se entrelazan e interrelacionan componiendo el mundo fenoménico que conocemos. Compadecido por su estrecha correlación, y por un sentido del deber autoimpuesto, el vigilante Horacio transmitió el aviso a la Central de Incendios, desde donde, de inmediato, se coordinó el envío de los medios aéreos de extinción, y raudos llegaron hidroaviones cisterna para volcar su agua bendita sobre el monte en llamas, brigadas helitransportadas, sintiendo el vacío del mundo, se acercaron a aportar sus cientos de cabezas y miles de brazos en el trazado de oportunos cortafuegos. Ángeles postrados como flexos acudieron desde el cielo derramando lágrimas compasivas sobre el fuego. Rebaños de humildes cúmulos de nube se congestionan sobre el valle oscureciendo el cenit, provocando enorme precipitación que termina de apagar las llamas. Las nubes se abren lanceoladas por rayos solares que bañan los montes puenteados por arco iris con su luz acaramelada. Ángeles desvelados elevan sus trompas barritando la victoria orquestada por músicos celestiales. En el litoral una legión de delfines salta la comba de las olas en desfile hacia poniente, la misma dirección en la que una hilera de ballenas borda el horizonte con sus chorros de espuma. A pie de torre, sobre la cumbre rocosa, un corro de buitres se reúne en concilio amistoso. Shanti.



Así concluye el Sutra de la vigilia en la montaña.

Si esta visualización tuviera algún mérito, todo él se destina a la liberación de todos los seres. Que todos los seres sean felices.






 

COMENTARIO

 

Este Sutra apócrifo ha sido compuesto para ilustrar una particular comprensión de la Prajnaparamita o Perfección de la sabiduría, colección de sutras históricos tardíos, compuestos aproximadamente entre los siglos -I y VI de la llamada Era Común. Para ello se ha hecho uso principalmente de la edición a cargo de Juan Arnau de la versión de Luis O. Gómez del Diálogo del Diamante seguido del Diálogo del Corazón para Atalanta, recurriendo no poco al plagio y algo a la parodia, sin pretender en ningún caso ser irrespetuosos, sino tratando de ser creativos acercando la lámpara de la propia comprensión al texto de forma quizá poco ortodoxa, pero cuidando de no dañarlo sino de hacerlo fulgurar para su mejor asimilación, así fuera por breve instante.

Las palabras designan cosas pero no son las cosas que designan. Las cosas que designan las palabras son apariciones proyectadas por las palabras que las designan. Pero hay un substrato inalcanzable que permite que esa magia se produzca, y el vacío, o el concepto de shunyata manejado por Nagarjuna, es una herramienta eficaz para producir destellos de comprensión de esa realidad última elaborando explicaciones convencionales de esa misma realidad. Entre las palabras y los objetos y fenómenos a los que éstas corresponden hay un abismo hacia el que estas mismas palabras nos empujan. Nuestro apego es la ingenuidad que nos permite cruzarlo sin apercibirnos, atándonos a la explicación convencional y dejando la Otra Orilla siempre del Otro Lado. Solo la Sabiduría nos ofrece su vislumbre, la honestidad para reconocerlo, el valor, la determinación y la confianza para traspasarlo, así como la generosidad para compartirlo. El hecho de que lo consigamos o no depende tanto de nuestro esfuerzo y de nuestra habilidad como de nuestra fortuna. Sea como fuere nunca hemos salido de esa Otra Orilla, aunque nuestra atención permanezca

secuestrada por la deriva de los días y sucesos.

Metta 😉


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